La población se cansó de tantas mentiras y de tantas campañitas políticas, que lo único que hacen es confundir cada vez más y más a la ciudadanía, utilizándonos, para que ellos se llenen los bolsillos a costillas de uno, pues en un principio ofrecen el oro y el moro y al momento de ejecutar con transparencia su función, se echan al olvido.
La inseguridad que tiene el electorado es cada vez mayor, pues no quieren caer de nuevo en lo mismo. Solo buscan encontrar a un personaje que sea capaz de sacar adelante a su país, capaz de enfrentarse a todas las adversidades, con el único fin erradicar la pobreza y mejorar la calidad de vida de los pobladores.
¡Honestidad! Es lo que la multitud pide a gritos a los futuros representantes, quienes tendrán que liderar y velar por el bienestar de todos los ciudadanos. Sin embargo, hasta el momento, solo se presentan candidatos como poseedores de las mejores cualidades que consideren importantes para que den luz verde a la aceptación de la población, más no propuestas convincentes.
Si tan solo los candidatos se hicieran una autocrítica, analizaran y se preguntaran imparcialmente ¿Por qué la población debe creer en ellos? ¿Son realmente capaces de cubrir las expectativas que espera el pueblo?; distintas fueran las cosas. Confiar ciegamente en lo que prometen los candidatos durante su campaña, es una utopía; pues todos sabemos que se trata de un lindo sueño, que nunca se hará realidad, y sería pedir demasiado a estos futuros representantes. El dinero invertido en las campañas electorales es sumamente alto, convirtiendo así, a los candidatos, en simples títeres, manipulados por ese billetito verde que a todos nos gusta tener en nuestros bolsillos o en las famosas cuentas corrientes.
Shirley Diaz Mogollon
