Hace 50 años los Ferrañafanos tenían una forma muy tradicional de recordar a Jesucristo en los 4 días de pesares y sufrimiento.
Desde muy temprano del Jueves Santo todas las familias realizaban su mercado, limpiaban sus casas para ya el viernes santo sólo se dedicaran a resar y entrar en reflexión del gran sacrificio de amor que tuvo el hijo de dios en salvarnos de pecado.
El ayuno era muy importante para todos, las mujeres no se peinaban ni maquillaban, vestian matillas negras que les cubrian el cabello para así acudir a la iglesia. Nadie podía bañarse en las acequias porque se creía que se convertirían en sirenas y los hombres en peces horrendos.
Desde el Viernes Santo no se barría hasta el Lunes porque eran días sagrados. Las manecillas del reloj no giraban ni las campanas se tocaban, y mucho menos la bocina del tren porque aquel se detenia en las vías. Todos comían pescado y mote sentados en petates. El Sabado de Gloria se tomaba vino y la misa se celebraba en la calle.
El Domingo de Resurección era día de fiesta.
Con muchos cuetes la misa de oficiaba a las 5:30 de la mañana y culminaba a las 6:30 para luego salir en procesión con el Cristo Yacente y la Virgen Dolorosa. Desde los más pequeños hasta los más ancianos caminaban junto al anda de ambos acompañados de dos bandas musicales.
En su anda a la Dolorosa la cargaban dándole una vuelta manzana por el parque principal para así dar un encuentro con su hijo resucitado que rápidamente se realizaba una escenificación de un ángel lanzando una paloma blanca anunciando que dios está vivo y vive en cada corazón.
Yo viví estos días de festividad de semana santa en la “ciudad de la doble fé” y nada ha cambiado, todo se celebra como en antaño.
Mi abuelo ahora tiene 80 años y aún recuerda cada día santo de tiempos aquellos que no se escuhaba música y solo de comía pescado con moteCecilia Lupuche Huamán


